martes, 17 de diciembre de 2013

titulo

En algún momento de la última Historia debida, que emitió esta semana el canal Encuentro, Ana Cacopardo le pregunta a Macarena Gelman por el relato casi pueril que le contaban sobre su origen, aquello de que la dejaron en una canastita en la puerta de la casa de quienes serían las personas que la criaron. –La canastita inclusive tenía una nota que decía “La nena nació el primero de noviembre, soy la madre y no la puedo cuidar” –cuenta Macarena–. Hay una cosa que a mí me impresiona mucho, y es que era una letra de alguien que parecía zurdo. De mano, ¿no?, no de... –Sí, por la caligrafía... –apunta Cacopardo. –Exacto. Y yo no pude evitar pensar, y bueno, espero que no... Pero mi mamá era zurda. Yo espero que no le hayan hecho escribir eso. Por sus diversos caudales de riqueza, es difícil encontrar la cara más valiosa de Historias debidas, el ciclo de entrevistas que Ana Cacopardo empezó a ofrecer allá por el 2000, en Canal 7. Decía ella, por entonces, en un reportaje de este diario: “Cuando se analiza a quiénes se les da micrófono en la televisión, se encuentra a los mismos personajes que circulan por todos los canales, respondiendo las mismas preguntas y dando las mismas y previsibles respuestas. Nos debemos programas de reportajes donde se investigue. Y una conducción que no sea histriónica, que no pretenda ganar el protagonismo que debe tener quien viene a contar su historia”. Fiel a esas premisas, el programa entrega en cada envío una pieza de colección, que siempre consigue profundizar, que inclina al entrevistado a meterse en zonas propias de las que contó poco o nada. Por referir al ideario, por oído y por ir algo más atrás en el tiempo puede mentarse aquella sección que publicaba el suplemento de cultura del diario La Opinión, “Historias de vidas”, en las que los entrevistados aparecían contando en primera persona sobre su propia biografía, obra, peripecias, pareceres, asuntos sobre los que previamente habían narrado a un redactor.